|
Le llevó 25 años al ministro de Asuntos de la Diáspora, Yuli Edelstein, obtener una segunda aliá en la Sinagoga Peitav de Riga.
Apenas un mes después de rezar en el único shul de la capital de Lituania, en 1984, Edelstein fue arrestado por los servicios soviéticos de seguridad y arrojado a una prisión por tres años.
“Estábamos de vacaciones en la costa del Báltico con otros refuseniks y aprendiendo hebreo juntos. Un día, uno de los disidentes, de Riga, propuso: “Vayamos a la sinagoga”. Los dos estábamos volviendo a la senda de la religión”, contó Edelstein la semana pasada.
Tenía 26 años cuando entró a la Sinagoga Peitav a principios de agosto de 1984 para orar con una docena de ancianos judíos quienes, en un principio, lo tomaron por sospechoso.
“Me tuvieron bajo la lupa desde que entré al recinto. Querían saber si sabía cómo rezar, como ponerme el talit . Querían saber si ese joven de 26 años era un loco o un espía.
“Cuando vieron que sabía lo que estaba haciendo, uno de ellos se acercó muy formalmente y dijo: ´Estamos pensando en otorgarte una aliá a la Torá.¨ De manera que me incorporé y fui hacia donde estaba la Torá.”
Más tarde en ese mes, de regreso en Moscú, la casa de Edelstein fue inspeccionada por agentes de seguridad del Estado que, según alegaron, estaban buscando drogas. Fue detenido el 4 de setiembre y excarcelado en mayo de 1987.
“La próxima vez que fui hacia el estrado donde se encontraban los rollos de la Torá fue, tres años después, en la Gran Sinagoga de Moscú. Allí dije por vez primera la oración birkat ha´gomel (la bendición destinada a agradecer el haber sobrevivido un peligro).”
El miércoles, Edelstein estuvo nuevamente en la bimá (púlpito) de la Sinagoga Peitav, pero en circunstancia bastante distintas.
“En esta ocasión, en la dedicación de la sinagoga reconstruida, estuvieron el Presidente del Estado, al Primer Ministro, los ministros de Transportes y de Cultura, y el vice-presidente del Parlamento. Esta fue una situación diferente de aquella con un puñado de ancianos en el shul”, dijo por teléfono desde Riga.
Edelstein se encontraba en la capital de Lituania no únicamente por la inauguración de la renovada sinagoga sino, también, para participar en conversaciones sobre las relaciones de ese país, y las de la Unión Europea (UE), con Israel; acerca de cómo neutralizar el programa atómico de Irán, la restitución de bienes judíos de la época del Holocausto, y otros asuntos.
“Creo que el tema más doloroso de cuantos consideramos, y que espero no perjudicará las relaciones entre nuestros dos países, es el del inminente partido de fútbol (para la calificación en el campeonato por la Copa Mundial) entre Israel y Lituania, que se disputará el 5 de setiembre en el estadio de Ramat Gan. Los ministros lituanos insistieron en que lo ganará su equipo. Yo estuve en desacuerdo.”
|