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Frente a la oficina del presidente de la Agencia Judía, Natán Sharansky, a la entrada de la sala de conferencias de la organización en su sede de Jerusalén, se exhiben dos enormes retratos: uno del padre del sionismo moderno, Teodoro Herzl, y el otro del primer presidente de Israel, Jaim Weitzman. Pero la foto que Sharansky ve sentado en la poltrona detrás de su pulcro escritorio es - desde que en junio asumió las funciones que desempeñaba Zeev Bielski - la de Andrei Sájarov, el fallecido fundador del movimiento por los derechos humanos y de los disidentes en la Unión Soviética.
Esas tres personalidades tuvieron prominente influencia en la formación del carácter de Sharansky, el joven científico en computación que llegó a ser el abanderado de la lucha por el judaísmo soviético y a conseguir una decisiva victoria contra el oscuro régimen de las autoridades de la desaparecida URSS. Herzl y Weitzman representaron para él el anhelo de un Estado judío - la realización ultimativa de la identidad judía - , y Sájarov fue el mentor de Sharansky en la lucha por la libertad.
Esas han sido las mismas sólidas bases que Sharansky, de 62 años de edad, trajo consigo a la Agencia Judía, hasta hoy la última parada del celebrado inmigrante que arribó a Israel como un héroe del pueblo en 1986 y estableció su propio partido político, Israel Be´Aliá, lo que le llevó a servir como ministro de tres gobiernos.
Pero es aquí, como responsable de las relaciones de Israel con el mundo Judío, donde finalmente se siente más cómodo y más concentrado.
"Elegí dejar el gobierno y venir aquí", dijo el afable Sharansky en una entrevista que concedió al Jerusalem Post poco antes de Pésaj.
"Siento que existe una continuidad lógica en los asuntos a los que me aboqué toda mi vida: la identidad judía y la conexión entre las luchas por nuestras causas y para hacer el mundo un lugar mejor. Creo que desde esta posición puedo influir mejor sobre el curso de la historia judía.
En una reunión de la Junta de Gobernadores de la Agencia Judía, celebrada en febrero último en Jerusalén, Sharansky hizo fruncir el seño de algunos cuando dijo: "Nuestra meta no puede ser (únicamente) traer a a más judíos (a Israel)". Antes que la aliá debe existir una sólida y acerada identidad judía, señaló Sharansky. Asimismo, anunció su intención de explorar la mejor manera de despertar y fortalecer el significado de la identidad judía allí donde estuviera dormida.
Es una misión que puede intimidar pero Sharansky afrontó obstáculos peores. Sentado frente a él es fácil olvidar que este hombre apacible, de baja estatura, vestido con sencillez, resistió durante ocho años severas dificultades en una prisión soviética a la que fue arrojado acusado de falsos delitos de traición y espionaje hasta que una campaña internacional encabezada por su esposa, Avital, culminó con su liberación en 1986. Sharansky llegó esa misma noche a Israel.
En 1978, en su declaración final delante del tribunal antes de ser encarcelado, Sharansky concluyó así su apelación: "Durante más de 2.000 años el pueblo judío, mi pueblo, estuvo disperso. Pero allí donde los judíos se encontraron y donde estén, todos los años repitieron: ´ El año que viene en Jerusalén´. Ahora, cuando estoy más lejos que nunca de mi pueblo, de Avital, enfrentado a muchos y duros años de prisión, digo dirigiéndome a mi pueblo, a mi Avital: ´ El año próximo en Jerusalén´".
¿Quién mejor - en esta fiesta de la libertad – para poner en perspectiva los conceptos de pueblo e identidad que la persona de nuestra generación que fue capaz de decir: "Este año somos esclavos, el año próximo seremos hombres libres", y que lo vio hacerse realidad?
Hace cien años existía una comunidad judía unida y comúnmente reconocida en todo el mundo. ¿Cree que ello es así aún hoy?
No estoy seguro de que alguna vez existió un pueblo judío unificado. Easto puede parecer así mirando hacia atrás. Hace cien años, Teodoro Herzl descubrió por sí mismo la idea de una comunidad judía. Así como descurbió la necesidad del sionismo y la de salvar judíos, concibió la idea de una comunidad judía. Él era un judío asimilado y no se sentía pertenecer a un colectivo judío.
Pienso que el concepto de comunidad judía tuvo distintos significados para diferentes judíos. En aquel entonces, en Rusia, existían grandes pujas entre los primeros sionistas y los bundistas (judíos socialistas y seculares); cada grupo entendía de modo diferente qué es la comunidad judía. La comunidad judía en Norteamérica sintió que Palestina nada tenía que ver con ella y que nada tenía que hacer con su identidad judía. En mi último libro, " En defensa de la identidad: su función indispensable en la protección de la democracia", incluí un texto de la Plataforma de Pittsburgh (documento fundamental del siglo 19 sobre la historia del Movimiento Americano de la Reforma, aprobado en 1885), y cómo su terminología fue cambiando con los años. Se puede ver de qué manera los principios mismos de la identidad judía cambiaron: de estadounidenses de religión judía no interesados en enfatizar los ideales sionistas pasaron a verse judíos leales a los principios norteamericanos de la democracia para quienes Israel es la base de su identidad.
Dos cosas ocurrieron con el éxodo de los judíos de Egipto: un pueblo de esclavos que se liberó y que se transformó en una nación.
El vínculo entre identidad y libertad - tema que por supuesto me interesa especialmente en los último 20 años - se manifestó profunda y significativamente en el éxodo de Egipto.
De hecho, hasta la fecha, si usted analiza históricamente sobre qué bases la gente fue retornando a la comunidad judía, o abandonándola, todo se debió al debate acerca de si existe una conexión entre libertad e identidad, si uno puede vivir con los grandes valores universales judíos de igualdad, justicia, y tikún olam (corrección del mundo).
Pienso que tal como fue en el tiempo del éxodo bíblico, los mismos conflictos se presentaron en la Unión Soviética de los años de la década de 1970: la profunda conexión entre la lucha por la libertad y la identidad. Y esto es lo mismo hoy día.
¿ Es que la enseñanza sobre la identidad judía depende del país en el que se imparte, sea Estados Unidos, Francia, Rusia, o aun en Israel ?
Sí, el modo en que los judíos llegan a ese punto es diferente. En Rusia la asimilación fue absoluta e impuesta por la fuerza. A consecuencia de ello, la manera de regresar (a su identidad) es reconectarlos con los conocimientos básicos de judaísmo.
Por otro lado, en los EE.UU. la mejor manera de nutrir su identidad judía es por medio de proyectos como Birthright o Masá, o Lapid (programas de estudio en universidades y escuelas secundarias de Israel), o empresas de otro tipo, para vivir y adquirir la experiencia israelí.
En Francia se fortalece el sistema de educación judía y sionista.
Pero lo más importante es que en todas las comunidades el fortalecimiento de la identidad judía es prácticamente imposible sin que Israel esté en el centro.
Y no quepa duda de que también es una gran necesidad fortalecer la identidad judía en Israel. Es interesante ver cómo israelíes involucrados en el proyecto Partnership 2000 - programas conducidos por la Agencia Judía destinados a fomentar la asociación entre comunidades del exterior, principalmente de Norteamérica, con comunidades locales - descubren por primera vez sus dimensiones judías, que llevaban dormidas desde hacía mucho tiempo. Ni siquiera sospechaban que las tenían, y esto vale incluso para los dirigentes de esos programas.
Ellos pensaban que ser israelí está por encima de ser judío. Ser judío fuimos durante miles de años, ahora - dicen - somos israelíes. Nosotros construimos el Estado Judío, nosotros lo defendemos, hablamos hebreo, aquí vivimos, no se puede ser más judío que esto. Pero lo que descubrieron fue el significado, el qué es la comunidad judía.
Este es uno de los desafíos y parte del nuevo plan estratégico de la Agencia Judía, esto es, elaborar cursos para escuelas israelíes acerca de la Diáspora judía. Esta es una prioridad de primer grado, y actualmente contamos con muy buenos asociados en el Ministerio de Educación, con su titular, Gideón Sa´ar, y su director general, Shimshón Shoshani.
También estamos debatiendo cuáles serán nuestros próximos pasos, siguiendo programas como Masá y Birthright, a fin de promover encuentros entre israelíes y judíos de la Diáspora quienes, compartiendo una experiencia común, fortalecerán mutuamente su identidad.
¿ Cuáles son las cambiantes prioridades de la Agencia Judía, es que se aparta de la aliá? Al mismo tiempo, se produjeron grandes cambios en el equipo respecto de funciones ejecutivas para las que usted escogió a los encargados. ¿ Adonde marcha la Agencia Judía ?
Estamos en la gestión de celebrar reuniones estratégicas para establecer cuáles deberían ser las prioridades de la Agencia Judía; en este proceso participarán los 120 miembros de la Junta de Gobernadores.
En junio, en la asamblea, se presentarán las propuestas, y esperemos que sean aprobadas; en octubre, en nuestra próxima reunión, se aprobará el presupuesto, y en 2011 estaremos operando según las nuevas prioridades.
Por supuesto, (también) estamos abocados a la aliá como a la educación y a la democracia. Lo que se puede llamar "aliá por elección" depende del fortalecimiento de la identidad judía.
Ese es un desafío para los judíos de la Diáspora, que están encarando la asimilación, y para los israelíes, embrollados ahora en una lucha por la legitimidad de la existencia del Estado Judío. Pero la llave para todo es desarrollar, ampliar, fortalecer y defender el sentimiento de pertenencia a la familia judía. Todo esto está en el meollo de nuestras discusiones, en cómo lograr progresos prácticos, cómo trasladar las ideas generales a programas concretos de acción e insertarlas en los presupuestos.
Yo rechazo la noción de que la Agencia Judía deba dejar de lado la aliá. La aliá es la máxima expresión del fortalecimiento de la identidad judía. La meta de la aliá y la reunión de los exiliados están todavía en su lugar. Lo que quiero decir es que el foco de la acción cambiará de escena, de aquella de los países enemigos de los que escapaban los judíos, o de los intentos para salvar a miles de judíos, a la de una aliá por elección.
Hace unos días, precisamente, estuve hablando con un grupo de norteamericanos, todos religiosos, que se establecieron en Israel en el último año. Me preguntaron: ¿ cómo puede ser que usted, que tuvo una aliá tan difícil, y combatió durante tantos años, ahora está cambiando de mira, va de la aliá a la identidad judía ?
Y yo les respondí: " ¿Saben qué? Ustedes saben que el Kadosh Baruj Hu
(D´s) dio la orden: lej lejá (vayan)" a la Tierra Prometida. Si hay judíos que no quieren escuchar la voz de D´s, ¿piensan ustedes que oirán la voz del shelíaj (emisario) de la Agencia Judía cuando les diga que hagan
aliá ?
Es imposible forzar a nuestros emisarios a que compitan con D´s, y que griten más que Él para que sea escuchado su mensaje. Nadie es más estridente que D´s.
De manera que lo que tenemos que hacer nosotros es ayudar a los judíos a oir la voz de D´s. ¿ Y cómo lo haremos ? Reforzando sus sentimientos judíos de pertenencia, su orgullo judío, la tradición y sus lazos con Israel. Esta es nuestra función. Nuestro tarea no es someterlos a aquello que D´s no consiguió imponerles, pero sí hacer que escuchen esa voz.
¿Qué puede contarnos sobre judíos desamparados en otros países?
Cada judío traído de Yemen goza de una gran cooperación de parte del mundo judío. No quisiera cerrar otras puertas mencionando otros países. Debemos ser muy cuidadosos. Nosotros analizamos las situaciones que se presentan y tratamos de pensar por adelantado sobre los judíos que potencialmente pueden encontrarse en peligro. Estamos haciendo muchos esfuerzos para asegurarnos de no llegar tarde.
Los judíos de Irán pueden hallarse en el sitio más difícil en este momento. Si yo fuese uno de ellos, pensaría muy seriamente por qué estoy todavía allí. No quiero hablar de otros países pues ello hará más difícil ayudar a esos judíos.
Una parte esencial del trabajo de la Agencia Judía es como el del ejército: estar preparado aunque no haya guerra. Debemos estar listos para el rescate de judíos aunque ellos ni siquiera piensen en ello. Se hacen gastos para salvarlos y estar en condiciones de hacerlo si llegase el momento. Muchos esfuerzos se llevan a cabo lejos de la atención pública.
¿Qué mensaje querría transmitir a los lectores del ´Post´ con motivo de Pésaj?
Estamos aumentando en forma impresionante nuestra presencia en universidades y ciudades universitarias norteamericanas. "¿Por qué ponemos tanto empeño y dinero allí?". Hace unos años descubrí que ese es un campo de batalla trascendental donde se define el pueblo judío. Y esto me devuelve otra vez a aquello con lo cual comencé.
El reto para los judíos durante miles de años fue de qué manera entroncar su deseo de ser libres y las ideas universales de justicia con su judaísmo y la lealtad a su tribu. Lo habitual es que cuando los judíos están convencidos de que deben escoger esto o aquello, siempre se inclinan por las vías universales.
Cuando era portavoz del Grupo Watch Moscú Helsinky en la Unión Soviética, con Sájarov, había quienes me espetaban que no podía ser las dos cosas, que debía elegir.
Yo sentía intensamente que no quería elegir. No puedo elegir. Porque toda la fortaleza para combatir por la libertad proviene de mi identidad judía. Sin ella no tiene sentido luchar por las otras cosas.
En el presente, la batalla en las ciudades universitarias es una en la cual nuestros enemigos procuran convencer a los estudiantes judíos de que, como condición para ser parte de un mundo de justicia y libertad, deben abjurar, desconectarse de Israel y de su propia identidad. Esos ataques, el doble estándar y la calumnia han hecho que muchos jóvenes no quieran saber nada de su identidad judía.
En nuestra historia, así hablemos de hace 2.000 años, de la batalla que dio el judaísmo soviético, o donde se libre hoy, usted encuentrará eso mismo una y otra vez. Esto es algo que debemos transmitir a todo joven judío. Si quiere ser parte de un mundo de libertad y justicia, y de tikún olam, su identidad es la fuente de su vigor para combatir por esos ideales, que están arraigados en su historia, en sus tradiciones y, claro, en su vínculo con Israel.
¿Hubo algo del Séder de Pésaj que le ayudó a soportar la prisión?
Recuerdo el primer Séder en mi vida cuando tenía 25 años. Fue en Moscú con Avital, quien unos meses después se convirtió en mi esposa.
Éramos un grupo grande de estudiantes de hebreo. Teníamos tres maestros que trajeron allí a sus alumnos. Ninguno de los maestros pudo leer la toda la Hagadá por lo que cada uno leyó un tercio.
Aprendimos algunas canciones, como Daieinu. "Recuerdo la frase del Séder que dice: ´Este años somos esclavos, el año próximo seremos hombres libres´". Era una frase muy emocionante para nosotros.
Algunos años después, estando solo en una celda de castigo en la noche del Séder, decidí festejar con pan, sal y agua caliente. Tenía que tener mi propio Séder. No había más nada; la sal fue mi maror (hierbas amargas) y el agua caliente fue mi haroset.
Intenté decir la Hagadá pero no pude recordar la mayor parte del texto. Pero esa única frase, "Este años somos esclavos, el año próximo seremos hombres libres", fue suficiente para mí.
"Y me acordé también de esa línea que dice: ´En cada generación, cada persona debiera sentirse como si él o ella acabaran de salir de Egipto´. Fue tan fácil sentir que es verdad, que yo soy uno de aquellos de esta generación que sostiene la antorcha de la libertad. Fue fácil sentirme parte de esta gran e histórica batalla, y ello me dio mucha fuerza".
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