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1. Primero Gaza, Después el Mundo
Algunos de los críticos más sañudos de Israel han escrito que por cada muerto israelí hay unos cien muertos palestinos. Las medias verdades son peores que las mentiras, pero ésta ni media verdad es, más bien mero embuste, porque el haber hecho llover cohetes durante meses y años sobre civiles no es cuestión que se mida con sangre. Éste es un hostigamiento que ni Siria ni Suecia ni nadie aguantaría. Es una provocación que exige una respuesta enérgica. Y puestos a medir con sangre, conviene hacer un balance general. Bastará con hacer la cuenta del mundo árabe-musulmán.
Desde la independencia de Israel cerca de 12 millones de árabes y musulmanes han sido masacrados, en su mayoría por otros árabes y musulmanes. La “contribución” de Israel desde su fundación se cifra en 60 mil, contando todas las guerras y las dos intifadas, o sea medio por ciento del total.
Pero más importante que esto es que el enfrentamiento no es del Hamás y sus cohetes con Israel, el enfrentamiento es del Hamás, como uno de los grupos que componen el islam radical, con el mundo libre. El objetivo declarado es crear un califato islámico mundial, como parte de una ideología antisemita que propugna el aniquilamiento de los judíos. Más adelante ampliaré este punto. Y dado que el islam político ya ha aniquilado a millones, sin declaración alguna, mejor tomarlo en serio cuando proclama su intención de exterminio.
El Hamás ¿es parte de un yihad global? El artículo 7 de su carta fundacional aclara que no se trata de un movimiento local o siquiera nacional. El título dice así: “Mundialidad del movimiento de resistencia islámica” y más adelante señala que “Por el mero hecho de estar los musulmanes... dispersos por todo el mundo, el movimiento es mundial.”
¿Se trata de un movimiento que exhorta a exterminar a los judíos? El mismo artículo dice más adelante: “El Enviado (Mahoma) dijo: «Luchen los musulmanes contra los judíos y mátenlos, hasta que el judío se oculte tras las rocas y los árboles y entonces las rocas y los árboles dirán ‘Oh, musulmán, oh, siervo de Allah, tras mí se oculta un judío, ven y mátalo’»”. Al propio tiempo, acusa a los judíos de haber causado todas las guerras del mundo, de dominar el mundo y de otras maldades.
Las citas de textos sacros en sí no son el problema. También en el mundo judío se puede citar a Rabí Simón, que dijo: “De los gentiles, el mejor es el que ha sido muerto”, pero estas palabras nunca se convirtieron en programa de partido alguno, y de seguro no de un partido gobernante, muy al contrario. Hay una infinidad de comentarios que aclaran en qué circunstancias pronunció esas palabras y por qué carecían de validez. No sucede así con el Hamás. El mandato del pasado se ha convertido en orden del presente y los dirigentes del Hamás no dejan lugar a dudas al respecto.
El jeque Muhsan Abu Eita, hablando por la emisora de televisión “Al-Aqsa”, declaró: “Matar judíos es una obra pía maravillosa”. El Dr. Ahmed Baher, presidente interino del parlamento palestino afirma que “los judíos son un cáncer y hay que destruirlos a ellos y a los americanos, hasta el último de ellos”.
Conforme a la constitución palestina, Baher se convertirá en presidente de la Autoridad Palestina si el actual presidente, Abu Mazen deja de ejercer sus funciones. El Dr. Yunis Al Astal, miembro del parlamento palestino y uno de los dirigentes del Hamás, que fue anteriormente decano de la facultad de Sharí’a (ley islámica) y presidió la comisión de definición de normas jurídicas en la universidad islámica, dictamina que la norma de exterminio de los judíos es de aplicación inmediata y no cosa del futuro. El libro del Dr. Matthias Küntzel Jihad and Jew-Hatred (“Yihad y odio a los judíos”) expone con mayor amplitud la ideología de exterminio del islam radical, y en particular del Hamás. Hasta ahora no hemos logrado hacer que el mundo capte esta noción, pero aún no es tarde para hacerlo.
En la locura no hay lógica
El acontecimiento más cargado de significado de esta semana ha ocurrido precisamente en Irak. Un hombre bomba chiita se hizo estallar en una manifestación de identificación con el Hamás de los sunitas. Eso confunde ¿no? Se supone que un terrorista chiita sirve los intereses iraníes. Irán, como bien sabemos, es el país que ayuda al Hamás. Los gritos de los manifesantes incluían el común denominador de chiitas y sunitas: la destrucción de Israel, con el acompañamiento de la quema de banderas de Israel. ¿Por qué perpetrar el atentado precisamente allí? ¿Al servicio de quien actuaba? ¿Qué pretendía lograr? ¿Contra quién iba dirigida su protesta? En balde buscaremos una respuesta, porque se trata de locura y todo intento de buscar lógica en ella fracasará irremisiblemente.
Matar por matar
Esta semana falleció Samuel Huntington, el profeta del “choque de civilizaciones”. Su tesis es errónea. Otro choque es más decisivo, el del islam político con los musulmanes. De hecho no se trata de un choque sino de una matanza unilateral, donde los radicales exterminan a otros, los cuales no entienden en absoluto qué pecado han cometido, ya que los niños y las mujeres masacrados en Afganistán y Argelia por los Talibanes o por el Frente Islámico no colaboraban con el occidente. Eso era matar por matar. Igual que los cientos de indios asesinados en Bombay, entre ellos 44 musulmanes (muchos más que occidentales o judíos) que fueron muertos por otros musulmanes. Exactamente al igual que en Pakistán, donde cientos de musulmanes mueren en infinidad de atentados suicidas perpetrados por otros musulmanes.
Sin embargo, aquí cabe una reserva. En el caso de los musulmanes, el 95 por ciento de las protestas, desde Pakistán a Londonistán, pasando por la ciudad árabe israelí de Um el Fahm, es a favor de los musulmanes radicales, a favor de esos mismos que matan y se ensañan con los propios manifestantes. Como fue el caso en Irak. De poco les sirvió que hubieran ido a manifestar a favor del Hamás y contra Israel. Ellos también pagaron con sus vidas. No hay lógica, decíamos. Volvemos a decirlo.
Israel se derrota a sí mismo
Esta semana, cuando el lunes por la noche la industria del embuste empezó a funcionar a todo vapor deplorando la triste suerte de los refugiados palestinos de la franja de Gaza que una vez más se veían sumidos en la violencia, se proyectó en la cinemateca de Tel Aviv la película Los refugiados olvidados del director Michael Grynszpan. La película ya se ha presentado en muchos lugares del mundo, entre ellos el Congreso de Estados Unidos, pero no en las cadenas de televisión de Israel.
La película trata de las comunidades judías de los países musulmanes – un millón de almas al concluir la segunda guerra mundial – que tuvieron que marcharse de sus países de origen o fueron expulsados de ellos, abandonando en pos de sí bienes de una enorme cuantía. Se convirtieron así en refugiados, llegando en su mayoría a Israel.
La tan mentada Nakba tuvo lugar porque los árabes rechazaron el Plan de Partición de las Naciones Unidas y emprendieron una guerra para destruir Israel. La Nakba de los judíos de países islámicos, en cambio, tuvo lugar sin causa. Los judíos de Marruecos o del Yemen, de Irak o de Egipto, no declararon guerra alguna y pese a ello en varios países – Irak y Libia por ejemplo – fueron el objeto de matanzas.
No hay investigador académico “progresista” que no se esfuerce por inflar el caso de Deir-Yassin, pero no se hace mención alguna de las matanzas de judíos por árabes. Loa refugiados llegaron por lo general sin nada, vivieron en tiendas de campaña, pero no se les mantuvo en su situación de refugiados, como una llaga abierta, como se hizo con los refugiados palestinos.
Por razones difíciles de comprender, Israel nunca ha planteado el caso de los refugiados judíos. El destino de los refugiados olvidados podría haber sido la respuesta israelí más contundente a la argumentación palestina acerca de sus propios refugiados, porque el derecho de los desarraigados judíos a ser indemnizados es mucho mayor que el de los árabes. Los primeros sufrieron y fueron expulsados sin haber emprendido acción bélica alguna ni haber proclamado ninguna campaña de extermino. En cambio, los segundos sí lo hicieron. Por ello los judíos, y sólo ellos, tienen derecho a exigir indemnización. Tal derecho no corresponde a quien no logró llevar a cabo su proyecto de exterminio. No hay precedente en la historia de un agresor que pretenda hacerse pasar por víctima. No hubo ni habrá semejante absurdo. En este campo también Israel se ha derrotado a sí mismo en el campo de la información. Y también en este caso, aún no es tarde para reparar el error cometido.
2. Crímenes de guerra y crímenes de propaganda
Israel nunca matará a tantos inocentes como los que liquidaron los ejércitos de Europa. ¿Quiénes son ellos, pues, para darnos lecciones de moral?
Ben-Dror Yemini, Maariv - www.nrg.co.il- 3/1/09
“Conquistaremos Roma y después toda Europa. Cuando acabemos con Europa, conquistaremos las Américas y no nos olvidaremos, tampoco, de la Europa oriental.” Este orador sediento de territorios prosiguió diciendo que había que aniquilar a todos los judíos.
Suena como Hitler, recuerda a Hitler, pero esas palabras las dijo el Dr. Yunis al-Astal, diputado del Hamás en el parlamento palestino. El Dr. Al-Astal y otros dirigentes del Hamás no tratan de ocultar sus ideas sobre el exterminio de los judíos y la dominación mundial por el Islam radical. Su discurso fue difundido por la televisión del Hamás y puede verlo quien quiera conocer la verdadera naturaleza del Hamás en las páginas web de MEMRI, PMW y otras, en inglés, en hebreo y en otros idomas.
También la OTAN comete errores
Los refugiados creían estar a salvo, pero se equivocaron. El ataque aéreo no los pasó por alto. Murieron más de 100. Ésta no es la trágica historia del bombardeo de una escuela en Gaza, sino del bombardeo de Korisa en la ex Yugoeslavia. El ataque fue perpetrado por aviones de la OTAN. Eso ocurrió hace menos de diez años, el 13 de mayo de 1999. No es todo: el 12 de abril, aviones de la OTAN mataron, accidentalmente por supuesto, a doce ciiviles; el 14 de abril mataron a 70 refugiados; el 27 de abril fueron muertos otros16 civiles; el 1 de mayo, murieron 23 en un ataque contra un autobús, el 6 de mayo una bomba de racimo mató a 16; el 19 de mayo fue bombardeado un hospital de Belgrado y tres civiles muriero; el 30 de mayo murieron 11 al ser atacado un puente; el mismo día fue bombardeado un hogar de ancianos con un saldo de 20 muertos. Al día siguiente murieron once más. Por las mismas fechas la embajada de China sufrió un bombardeo y un mísil se desvió de su curso unos 50 kilómetros, alcanzando Sofía, la capital de Bulgaria. “Fue un error, lo lamentamos”, respondió cada vez el portavoz de la OTAN.
Eso es lo que sucede en una guerra. Es triste, es lamentable, pero los europeos bien harían en mirar atrás, no a un pasado ya lejano, al bombardeo de Dresden, sino al más reciente, antes de apuntar un dedo acusador hacia Israel, porque Israel no ha alcanzado ni alcanzará ni la centésima parte del número de inocentes muertos en guerras justas de las democracias europeas.
Israel no tiene que disculparse ante Europa
¿Ha cambiado Europa? A continuación una cita de un informe del Secretario General de la ONU: “De los 8000 muertos en Afganistán en 2007, 1500 eran civiles”. De esos 1500, entre la mitad y los dos tercios fueron muertos por sus hermanos los talibanes. El resto murieron en diversos bombardeos, parte de ellos de los ejércitos europeos que operan en la región bajo la égida de la OTAN. Hay expertos que afirman que las cifras reales son mucho mayores. En 2008 la situación se agravó y el número de muertos aumentó en muchos millares. De hecho, los ejércitos europeos están matando civiles cada semana, alegando que en la pugna contra los talibanes es inevitable.
Los israelíes no les debemos explicaciones a los europeos, son ellos los que nos las deben. Los talibanes no han disparado cohetes contra ninguna ciudad europea, en tanto que el Hamás sí los dispara contra Israel. Los talibanes no proclaman que quieren matar a todos los europeos, mientras que el Hamás aboga por la matanza de judíos en su estatutos y en las prédicas de sus líderes. Sin embargo, los europeos siguen luchando en Afganistán, aunque sólo sea para destruir una rama más del Islam fanático. Igual que Israel contra el Hamás. Ahora bien, la amenaza que el Hamás representa para Israel es mucho mayor que la del Talibán para Europa.
¿Por qué, entonces, pueden permitirse los europeos llevar a cabo una guerra en una tierra que dista miles de kilómetros de sus hogares, matando cientos o miles de civiles inocentes y proclamando al mismo tiempo que su causa es justa, pero Israel no puede hacerlo? ¿Qué hipocresía es ésta?
Cada año mueren miles de combatientes del Talibán, frente a unas pocas docenas de soldados europeos. Cientos de miles de civiles han muerto en Afganistán, contra ninguno en Europa. Y con todo, ustedes los europeos ¿quieren darnos lecciones sobre ética bélica y “respuesta proporcionada”? ¿Hablan en serio?
¿El Líbano sí, Israel no?
En mayo de 2007 estalló un conflicto entre el ejército libanés y un grupúsculo, Fatah-al-Islam, del campo de refugiados Nahr-al-Bared en el Líbano. Ese grupo es una célula cancerosa más del movimiento del Yihad Global. El ejército libanés no quiso enzarzarse en una guerrilla urbana. Simplemente bombardeó y destruyó edificios de una forma que Israel habría considerado inconcebible.
El número oficial de bajas del ejército libanés fue de 168; en el campo hubo más de 300 muertos. Algunos eran militantes, otros civiles. Murieron además seis soldados de la FINUL y dos trabajadores de la Cruz Roja. El campo de refugiados quedó en ruinas. De sus 40.000 habitantes, 33.000 quedaron sin hogar. Los soldados libaneses no quisieron correr riesgos inútiles. El número de combatientes a los que se enfrentaron era sin duda menor que los 16.000 terroristas de Hamás ocultos en túneles. Si el ejército libanés hubiera tenido que hacer frente a estos últimos, no habría quedado en Gaza una sola casa en pie, toda la Franja de Gaza habría sido borrada del mapa.
Cuando el Líbano se ocupó así de ese retoño de la amenaza del islamismo radical, recibió alabanzas del mundo libre y del mundo árabe por igual. Para ello utilizó medios que Israel ni soñaría en emplear. La mayoría de las bajas fueron civiles inocentes. Las horribles imágenes de muerte y destrucción, que puede obtener quien tenga interés en ello, no provocaron protestas en masa en Londres y París. Al contrario, se aplaudió al Líbano. Los árabes tienen derecho a “cuidarse” de los árabes.
¿Por qué se permite al Líbano utilizar medidas brutales para erradicar este brote islámico radical? ¿Por qué puede Europa cruzar medio mundo para ir a matar millares de combatientes y civiles en nombre de la misma causa anti-Yihad? ¿Y por qué Israel no puede hacer los mismo, a pesar de que se enfrenta a un peligro mayor?
La importancia de la pequeña pantalla
En la lucha entre Israel y el Hamás, no puede haber victoria sin legitimidad. Israel no es Rusia en Chechenia, ni la OTAN combatiendo al Talibán o los libaneses arrasando todo un campo de refugiados y recibiendo aplausos por ello. Israel necesita apoyo. Israel puede obtenerlo sólo con la verdad.
Los órganos oficiales de Israel están tratando de hacer comprender al mundo que el Hamás es una organización antisemita que exhorta a exterminar los judíos; que el Hamás ambiciona conquistar el mundo y que la “respuesta proporcionada” es un disparate acabado que Europa nunca aplicó en sus conflictos del pasado o del presente; que el Hamás es peor que el Talibán; que los daños causados por Israel a civiles no involucrados, por trágicos que sean, son menores que los causados por Europa. La reticencia mundial a aceptar este mensaje ha reducido el apoyo otorgado a Israel durante los primeros días de la guerra. Eso no es culpa de Israel. Si el Hamás gana la guerra de la propaganda, quien perderá será todo el mundo libre. No podemos permitirnos perder. La verdad debe prevalecer.
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