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"Toda inmigración atraviesas por diferentes fases", dice el oficial nacido en Etiopía, que lleva los libros en el departamento de contabilidad de la base aérea en la que presta servicios."Los rusos, los marroquíes, los yemeníes, todos han tenido dificultades para integrarse en la sociedad, entender la cultura del país y encontrar su lugar aquí, pero yo creo que, eventualmente, nosotros como etíopes tendremos éxito. Sólo necesitamos otras pocas oportunidades más para salir adelante y entonces algún día habrá hasta pilotos etíopes. Estoy seguro de ello, ya lo verá".
Estamos sentados en el salón de actos de la base de la fuerza aérea de Sde Dov. Mekonent, que en este Día de la Independencia recibirá una medalla por sus sobresalientes contribución a las FDI, es uno de seis oficiales de origen etíope de esa fuerza que vinieron a encontrarse conmigo para disipar algunos de los mitos en torno de su comunidad.
La capitana Banchigize Malasa, oficial de educación en Sde Dov; el subteniente Bazazu Mengistu, experto en electrónica de la base de Nevatim; el subteniente Yalfal Siyum, que trabaja en la unidad de mantenimientop aéreo; la subteniente Sara Simo, la primera etíope en operar con vehículos aéreos sin piloto, y Mekonent, hicieron aliá siendo chicos jóvenes, durante la Operación Salomón. El subteniente Eitan Panthon, oficial en la base de Nevatim llegó vía Sudán durante la Operación Moises.
"Los medios de comunicación siempre buscan historias sobre discriminación o se concentran en el factor racial cuando hablan de nuestra comunidad", señala Phanton, quien creció en la ciudad de Afula. "Nunca se ocupan de historias exitosas o de aspectos positivos que pueden inspirar e impulsar a los demás miembros de la comunidad para emprender el camino del éxito".
Los seis soldados profesionales, luciendo sus impecables uniformes, hablan perfectamente el hebreo y se muestran ansiosos por recordar los acontecimientos que los trajeron de África a tan elevado nivel de éxito.
Incluso las estadísticas dadas a conocer por el gobierno, o las historias compartidas a menudo por los dirigentes de la comunidad etíope poniendo de relieve las incontables barreras, las infinitas limitaciones y en algunos casos las extremas dificultades económicas con que tropiezan, sólo son insinuadas durante nuestra conversación. Estos seis oficiales son una prueba de que, a pesar de las desventajas, se puede alcanzar el éxito.
"Existe discriminación, por supuesto que la hay", admite Phanton. "Sin embargo, todo depende de cómo uno reacciona. Yo me encontré muchas veces con soldados que rehusan mirarme o se niegan a recibir órdenes de mí porque soy etíope, pero en el instante en que decido pasarlos por alto, puedo seguir adelante. Si usted lo toma personalmente, se queda aparte".
Agrega Mekonent: "La prensa está preocupada siempre por el rating, por relatos que atraigan al lector, y no siempre está dispuestoa a difundir la verdad, pero nosotros contamos con una maravillosa comunidad; después de 25 años en este país, tenemos más de 60 oficiales en la Fuerza Aérea y un teniente-coronel en la reserva. Esto es una gran cosa".
De acuerdo con números del ejército, en la actualidad hay de 150 a 200 oficiales de origen etíope, y 58 de ellos en la fuerza aérea. No existe una cuota oficial sobre cuántos soldados de origen etíope pueden ser oficiales; este es un privilegio que depende únicamente del mérito da cada uno.
"Servir en la fuerza aérea es un gran privilegio", dice Malasa, que llegó al país cuando tenía seis años y ahora se siente más israelí que etíope. "Es que hacen mucho por cada uno de los que prestan servicios, y juzgan a la gente según sus logros, no por el color de su piel".
"Para mi ser parte de la fuerza aérea es realmente como cerrar un círculo", observa S ara Simo, la de más suave hablar de los seis. " Al incorporarme a esta rama del ejército trabajé en una oficina; un piloto se acercó a mi un día y me preguntó que cuándo había hecho aliá. Le respondí que llegué de Etiopía con la Operación Salomón, a los tres años de edad, y él me dijo: ´Bueno, creo que podría ser uno de los pilotos que te hagan volar aquí´. Me causó un sentimiento estupendo".
¿ Cómo te sientes siendo parte de la fuerza aérea que te trajo aquí ?
Mengistu: Para ser honesto, jamás pensé realmente en incorporarme a la fuerza aérea siendo un niño pero tan pronto como entré al ejército supe que eso era lo que deseaba hacer. El 24 de mayo de 1991, cuando tenía yo siete años, vi por primera vez un avión (el que lo trajo a Israel). Servir ahora en la fuerza aérea... es también como cerrar el círculo.
Siyum: También yo tenía siete años en el momento de la Operación Salomón y no me di cuenta de que la aviación israelí estaba detrás de nuestro rescate. Con el pasar de los años escuché todos los relatos sobre esa Operación y ahora estoy muy orgulloso de ser parte de la fuerza que vino a rescatarnos.
¿Experimentaron alguna vez discriminación racial en el ejército?
Simo: Como soldado nunca me sentí discriminada en el ejército, pero todavía existen muchos estereotipos en la cabeza de la gente y, desafortunadamente, la prensa cumple un gran papel para nutrirlos.
Malasa: Después de mi servicio militar obligatorio, al tratar de encontrar un empleo en la vida civil, sufrí mucha discriminación. No obstante tener un gran currícolo, estuve dos años tratando de conseguir trabajo sin lograrlo. Entonces regresé al ejército como profesional. El ejército no juzga a las personas según el color de su piel sino en su capacidad para cumplir con su trabajo. Yo sé que llegué a donde estoy por mis aptitudes y no por ningún otro motivo.
¿Cuáles son los retos que afrontan los jóvenes etíopes en el ejército? Mekonent: La brecha entre nosotros (como segunda generación de inmigrantes) y nuestros padres es como un océano, y no es nada sencilla. Por un lado, ellos quieren cuidarnos y asegurarse de que estamos estudiando y progresando, pero por el otro es difícil para ellos hacerlo pues no entienden la cultura del país y en especial a sus fuerzas armadas.
Malasa: Mis padres son religiosos y no querían que fuese al ejército porque tendría que ponerme pantalones. Era imposible explicarles por qué era tan importante para mí. Desde temprano advertí que ellos no comprendían esta nueva cultura, y que no podían proporcionarme la información que necesitaba para ir adelante y tener éxito en Israel. Con todo, me dieron su apoyo moral y ahora están felices por haberme conchabado con el ejército. Puedo ver en los ojos de mi mamá lo orgullosa que está de mí.
Pero va más allá del círculo familiar. Cuando regreso a casa con el uniforme, todos los vecinos dicen: "Bien hecho, cuánto has conseguido". Las personas mayores nos ven como el resultado de su duro trabajo, y para los más jóvenes somos modelos para imitar.
¿Es muy grande la brecha entre la cultura en el hogar de ustedes y la israelí, tanto en el ejército como en la sociedad en general?
Malasa: Yo siento a Israel en todos los sentidos y amo el modo de ser israelí, tan apasionado y expresivo. Pero también conozco mis raíces y trato de tomar un poco de cada una de las dos culturas.
Mengistu: Creo que existe un problema para los soldados etíopes respecto de la disciplina. Por ejemplo, cuando un etíope se halla frente a una autoridad, no le miran a los ojos. Pero en el ejército, si uno no mira a su oficial, este se sentirá ofendido. Algunos soldados etíopes no lo captan.
¿Cómo ayudarían a reclutas etíopes a ser exitosos como uetedes?
Siyum: Yo sé que soy un modelo para otros soldados etíopes aunque hay muchos que triunfamos en nuestra comunidad; mi objetivo es mostrarles a otros que pueden encaminarse en una dirección positiva y conseguir el éxito, particularmente en la fuerza aérea.
Panthon: A veces, si se produce algún incidente con un nuevo conscripto etíope, me llaman para dar una mano, especialmente cuando se trata de casos particularmente problemáticos. Tenemos también un programa de "gran hermano" para jóvenes etíopes que se meten en líos, o que son mandados al calabozo, para ayudarles a entender los estatutos del ejército.
Hace poco se aprobó una ley en virtud de la cual se enseñará la historia de la comunidad judía de Etiopía y su cultura en las escuelas. ¿Que pueden hacer ustedes sobre esto en el ejército?
Mekonent: Nunca pienso sobre mi éxito en términos personales sino, más bien, que somos todos embajadores de nuestra comunidad. Creo que todos debemos explicar a los demás nuestras tradiciones, y yo trato de hacerlo cuanto más es posible en mi base.
Siyum: Yo soy el primer etíope en mi unidad y veo como mi papel educar a los que no saben nada sobre nuestra comunidad. A propósito, hace unas semanas, le pedí a mi jefe si podía dar una charla sobre el tema y estuvo de acuerdo. Hay muchas cosas buenas en la cultura etíope que debemos compartir con otros.
Simo: Me hizo felíz saber que fue aprobada esa ley, no únicamente para que los israelíes nativos estudien la cultura etíope sino, también, para los etíopes nacidos en Israel. Soy voluntaria en una escuela para estudiantes etíopes y tampoco ellos conocen mucho realmente de su propia historia. Es verdaderamente importante que los chicos sepan de dónde vienen.
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