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Fortalecimiento de la Sociedad Israelí

 
Cantando, bailando y regocijándose tras años de anhelo por retornar a Jerusalén, miles de etíopes se reunieron en el paseo Haas de Jerusalén para celebrar el Sigd, la festividad anual de Beta Israel que conmemora la revelación en el Monte Sinaí y la aceptación de la Torá.

 El Sigd del 2008 augura afirmación, unidad, alegría y esperanza para los etíopes 

Cantando, bailando y regocijándose tras años de anhelo por retornar a Jerusalén, miles de etíopes se reunieron en el paseo Haas de Jerusalén para celebrar el Sigd, la festividad anual de Beta Israel que conmemora la revelación en el Monte Sinaí y la aceptación de la Torá.

Israelíes etíopes jóvenes y adultos, religiosos y laicos, de lugares tan distantes como Haifa y Ashdod, llegaron poco antes del mediodía en autobuses, pasando por quioscos improvisados que vendían de todo, desde helados hasta Libros de Salmos escritos en amhárico, su lengua natal. Los Kesim, rabinos etíopes, condujeron a la multitud en las oraciones comunitarias, bendiciendo a las masas mientras el público respondía agitando continuamente las manos - acercando hacia ellos el aire de santidad.

Hombres mayores con turbantes blancos pasaban junto a jóvenes peinados al estilo punk o con  melenas afro. Las jóvenes, también vestidas para la ocasión, paseaban conversando y riendo con sus amigas.

"Estamos aquí para celebrar el Sigd," dijo una joven, Tehilá, tímida y sonriente. "Pero no se trata sólo del Sigd, se trata también de la unidad. Mire alrededor: hoy todos los etíopes en Israel están juntos como un solo hombre."

Además del tema de la festividad de la recepción de la Torá, el Sigd es considerado también como una oportunidad de evaluación y rendición de cuentas personal para la comunidad etíope, y sus miembros ayunan y aprovechan la festividad para una introspección.

Antes de llegar a Israel, los etíopes veían en el Sigd también una oportunidad para reflexionar sobre la meta final de retornar a Jerusalén.

Pero con más del 80 por ciento de la comunidad judía etíope - más de 120.000 - viviendo hoy en día en Israel, la fiesta ha adoptado un tono más nacional.

"Es cierto que es una fiesta que celebra la Torá y la santidad de Jerusalén," dijo Israela, que vestía falda larga y tenía el cabello cubierto con un pañuelo morado con lentejuelas. "Pero porque ahora estamos aquí, el espíritu de la fiesta ha cambiado para nosotros".

 

"Cuando estábamos en Etiopía, parte del Sigd era rezar para ser merecedores de venir a Jerusalén. Ahora que estamos aquí, que estamos viviendo en Israel, la introspección que creo que debemos hacer es respecto a cómo prosperar en la sociedad israelí y cómo podemos verdaderamente cumplir la peregrinación a Jerusalén, en su sentido más completo."

Si bien muchas de las personas que daban vuelta por el lugar declararon a "The Jerusalem Post" que el sueño de inmigrar a Israel se había realizado, sus comentarios respecto a la experiencia etíope en Israel diferían mucho.

"Funciona en ambos sentidos," dijo Dago, un soldado uniformado que había llegado desde Netania. "El hecho de que yo esté en el ejército significa que en cierto nivel ya he sido aceptado en la sociedad israelí," dijo. "Pero depende de la situación. Yo crecí entre etíopes, pero cuando no estaba entre ellos, a veces me sentía como un extranjero. Uno siempre está en su grupo, los marroquíes son marroquíes, los rusos son rusos, y los etíopes, etíopes. Pero en el ejército no hay nada de eso," dijo. "No hay etíopes, ni hay rusos. Uno es soldado, y combatiente, y eso es todo."

Pero Rami, que estaba sentado cerca, dijo que la generación más joven se siente más aceptada porque crecieron aquí. "Yo vine siendo un niño pequeño," dijo en un hebreo fluido. "Pero mis padres, están aquí hace más de diez años y aún luchan con el idioma y con la mentalidad. Para ellos, para su generación, me temo que será difícil hasta el resto de su vida."

De todos modos, como una cierta medida de aceptación de Beta Israel dentro del Estado Judío, este año por primera vez el Sigd fue reconocido como fiesta nacional, después que la Knéset lo agregara en julio a la lista de festividades oficiales del país.

Las dificultades de la inmigración y la aceptación no se notaban en los rostros de los festejantes del jueves. Sonrisas, gritos y llantos de alegría, junto a la constante percusión de los tambores dieron un aire despreocupado al ambiente, mientras la ecléctica mezcla de la sociedad etíope se unía y bailaba.

"Finalmente es una reunión de jóvenes y adultos," dijo el Rabino Joseph Schonwald, mientras paseaba entre la multitud con su esposa Rolinda. Schonwald, que estuvo en misión en Etiopía a fines de la década de 1990, explicó que la entusiasta participación vista el jueves no se había dado siempre en años anteriores.

"Ahora ves a los niños participando en los rezos, respetando a los mayores, a los Kesim," dijo Schonwald. "Eso es lo diferente hoy. Los jóvenes solían usar el Sigd como una reunión social, y se sentaban a fumar o beber cerveza mientras la generación mayor participaba en los servicios religiosos.

"Ahora, con la mayor participación de líderes religiosos en las ciudades de desarrollo y Bnei Akiva, los jóvenes están más interesados en el aspecto espiritual. Sólo mirando alrededor puedes ver que los jóvenes de Bnei Akiva se han duplicado."

Mientras estaba hablando, una joven se acercó a Schonwald y le tocó el hombro. "Kes Yosef," dijo, con los ojos brillantes. "¿Se acuerda de mí? Usted trabajó con mi familia cuando estábamos en Quara." 

"Me acuerdo," respondió Schonwald, volviéndose hacia su esposa. "La última vez que la vi era una niña pequeña. Recuerdo haberle dicho a ella y a su familia que no descansaríamos hasta que estuvieran en Jerusalén. Ahora," continuó, lagrimeando lágrimas, "Es finalmente verdad."

Mientras la celebración continuaba, multitudes de festejantes bailaban, tocaban tambores y cantaban en el paseo. Los coloridos paraguas de los Kesim sobresalían entre el gentío, y un limpiador, Manzar, del Barrio Musulmán de la Ciudad Vieja, observó maravillado.

"Jamás había visto algo así," dijo. "Me impresiona que tengamos tanta gente tan diferente en esta ciudad, y todos la quieren porque está tan cerca de Dios."

  

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