¡Ganamos! Día de Jerusalén   

el  20/05/2012 
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El Día de Jerusalén reúne en la capital a visitantes de todo el mundo: Jóvenes, turistas y peregrinos que llegan para visitar los fascinantes sitios de la Ciudad Eterna, una ciudad plena de vida, vibrante y con abundantes y ricos eventos sociales y culturales.

Por Zeev Tamari


Fotos: Jacques Vainuska

Se colman de bullicio los mercados y los centros comerciales tanto en la parte occidental de Jerusalén como en las callejuelas de la Ciudad Vieja.
 
Pero no siempre fue así.
 
Al aproximarse el Día de Jerusalén, recuerdo otros días, días difíciles por los que atravesó la ciudad. No hace mucho. Sólo pasaron diez años desde entonces. Yo recuerdo particularmente un día amargo en la calle Yafo, en el centro. Comenzó con un breve comunicado de la policía de Jerusalén: "Una mujer terrorista está disparando contra los transeúntes en la calle Yafo". Se produjo un momento de conmoción, un temible silencio. Fue seguido inmediatamente por un caos al llegar al sitio del ataque los policías, los bomberos, los vehículos de rescate, los equipos de televisión y los incontables curiosos.
 
Ahí cayó Pinjas Tokatli. Su cadáver yacía a un costado de la calle antes de ser evacuado. Pinjas tenía 81 años cuando la terrorista le arrancó la vida. Para este jerosolimitano de quinta generación, aficionado a la pintura,  los paisajes de Jerusalén eran su tema preferido. Cuando la asesina perpetró su malvado designio estaba en camino para tomar su clase en este tema
 
Ocurrió en 2002. Esos fueron días de ataques horribles. Jerusalén sufrió explosiones y derramamientos de sangre.



 
Yo estaba parado ahí, en la zona más ajetreada de la calle Yafo. El corazón de la ciudad latía rápidamente. Jerusalén respiraba pesadamente. La calle estaba bloqueada. Centenares de personas consternadas merodeaban por el lugar. Los comerciantes sabían que ese ataque en la calle Yafo no significaba sólo muertos y heridos. También significaba la desaparición de compradores, turistas y trabajo. 
 
Y recuerdo otros días tristes padecidos en la ciudad: el atentado en la peatonal comercial Ben Iehuda; en el autobús 32; en la cafetería del Monte Scopus; en el restaurante Sbarro; en el café Moment; en el barrio de Nevé Yaacov y en la calle King George. Fueron días terribles. Turistas extranjeros y visitantes israelíes se mantuvieron a distancia de la capital. Los jerosolimitanos optaron por encerrarse en sus hogares; los alumnos temían concurrir a las escuelas. Las tiendas estaban vacías y los cafés cerraban temprano.
 
Recuerdo haber estado en la calle Yafo mucho después de aquel ataque, mirando a derecha e izquierda. Todo a mi alrededor, en todas partes, eran barreras. El aullar amplificado de las sirenas y las voces que cortaban el aire. Pero también recuerdo haber advertido otra actividad al otro lado de la calle: vehículos mecánicos, tractores y grúas moviéndose pesadamente. Esos eran los vehículos que ponían la infraestructura para el tren ligero, un tren que eventualmente transportaría a los residentes de una punta a otra de la ciudad en forma rápida y tranquila. Y me acuerdo que en ese momento pensé que, en medio de las ruinas y la destrucción, esos pesados vehículos mecánicos constituían un poderoso símbolo, un desafío frente al terror y al miedo paralizante.
 



Ellos, los asesinos, enviaron a un terrorista a sembrar la muerte. Pero nosotros, por contraste, construimos Jerusalén. Nosotros tendíamos la infraestructura para el tren que une a Pisgat Zeev con el Monte Herzl, un tren que enfatiza el hecho que Jerusalén es una ciudad unificada y unida para siempre.
 
Transcurrieron diez años desde aquel día. Nosotros recordamos bien los ataques terroristas, los muertos y los heridos. Pero también somos testigos de algo indiscutible. Nosotros ganamos. Millones de turistas regresaron a Jerusalén; los hoteles están llenos y no hay mesas libres en los cafés. El centro de la ciudad cambió drásticamente y se convirtió en una zona muy deseada. Se construyeron rascacielos y los apartamentos son arrebatados. El mercado de Majané Iehuda es otra vez una visita obligada como atracción turística por su colorido y vivacidad como en el pasado. Muy cerca se halla Najlaot, un barrio codiciado.
 
Pero todo esto no se produjo por sí mismo, no fué fácil conseguirlo. Con el apoyo masivo de Keren Hayesod, la administración municipal del proyecto Lev Ha´ir, encabezada por Uri Amedi, contribuyó a restaurar el lustre del vecindario de Najlaot y del centro de la ciudad. El aporte consecuente de Keren Hayesod a lo largo de muchos años salvó literalmente el centro de Jerusalén. Cada vez que Amedi habla de esto con gran emoción dice que, gracias al éxito del proyecto, obtuvo el privilegio de encender una de las doce antorchas durante la ceremonia oficial del Día de la Independencia con motivo de cumplirse el 40° aniversario de la reunificación de Jerusalén: "En mi alocución destaqué la contribución de Keren Hayesod al éxito del proyecto", señala.
 
Es cierto que existen problemas aún, pero en el Día de Jerusalén
hoy, cuando recordamos el 45° aniversario de la liberación de Jerusalén oriental y la reunificación de la capital, debemos contemplar la ciudad en una perspectiva histórica. No de 1.000 años. Quizá sólo de 100. La Jerusalén de 2012, comparada con la de 1912, muestra un cuadro totalmente distinto. Y es patentemente claro, absolutamente, que nosotros ganamos.
¡ Hag sameaj !
 

 
 

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